En 1817, según los historiadores, Floridablanca adquirió vida jurídica, legalmente hablando claro está, pues sus pobladores, desde mucho

antes, formaban ya el torrente sanguíneo que dio existencia a éste lugar.
Historia de Floridablanca: http://www.floridablanca.gov.co/index.asp?id=2&ide=114&id_seccion=197&tisec=SIMBOLOS
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Fue aquí donde el danés Christian Peter Clausen en el año de 1887, decidió comenzar con la industria cervecera moderna colombiana. |
Cervecería Clausen (años 20) |
Aunque las cervezas de aquel entonces no están en la memoria colectiva,
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si pueden recordar tal vez la hasta hace unos años reconocida cerveza “Clausen”, la cual Bavaria decidió conservar un tiempo, incluso, después de comprarle en 1958 la cervecería “ |
Sobre éste tema: http://www.historiacocina.com/historia/cerveza/colombia1.htm
Existen dos teorías que argumentan el porqué de la decisión de aquel foráneo personaje a radicarse aquí en el siglo XIX. El bello valle de Floridablanca, y la calidad de su agua, propicia para su empresa.
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Aunque yo soy del siglo XX, debo dar crédito a dichas suposiciones, pues durante décadas los Floridablanqueños disfrutaron los naturales parajes que rodean la cabecera del pueblo, bien fuera para una caminata ecológica, (la cual incluía improvisados pasabocas de árboles frutales o alguna caña de azúcar), o para un paseo de olla al río y sus pozos. Yo recuerdo la melcocha (dulce de panela previamente derretida, amasada y enfriada) que mi mamá nos hacía a orilla de la quebrada, o mis cacerías de grillos, mariposas, libélulas y guarasapos en éstas fuentes hídricas en donde vive, según me enteré tiempo después, un pez típico de estos lares, bautizado en honor al municipio como “Floridablancaensis”. |
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(Sobre el pez: http://www.siac.org.co/sib/catalogoespecies/especie.do;jsessionid=F2BB695F4837FB45926B364CD055CC48?idBuscar=709&method=displayAAT)
Asistían “todos” los habitantes (a la edad de 5 años, ver muchas personas dan esa impresión) al parque principal para las fiestas del Corpus Christi, que además de las tradicionales exposiciones agrarias y ritos religiosos, incluía un singular concurso que hasta hoy no he vuelto a ver: “La vara premio “. Un poste de madera de algunos metros de alto, embadurnado todo con grasa, y en su extremo superior, varios paquetes atados a modo de aguinaldos, los cuales incluían desde víveres, hasta dinero en efectivo; estos eran bajados de a uno a la vez por cada osado participante que pudiese alcanzar la cima. El ambiente era único: música, ventas ambulantes, beodos, campesinos, niños corriendo, carcajadas y la expectativa por ver quien alcanzaba los regalos de la vara premio.
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Recuerdo también a los matachines (o “diablos”, como les decíamos) en épocas decembrinas, pidiendo una colaboración para la elaboración del tradicional “carrancio” (muñeco que representa el año que termina) y correteando los chicos que les desafiaban. |
Floridablanca tuvo el primer carrancio articulado mecánicamente; tocaba un bombo y tenía los ojos encendidos por bombillitos; éste se podía ver en un local donde vendían fritanga. El 6 de enero en la tarde, en un camión prestado, paseaban por las calles al moribundo carrancio, mientras los carniceros del pueblo le practicaban una operación para tratar de salvarlo, éstos, disfrazados de médicos, iban arrojándole a la gente que salía a mirar, vísceras de ganado ensangrentadas, y aunque todos sabíamos que carrancio no se iba a salvar, uno salía a mirar a quien le caía una tripa para reírse un rato. En la noche, todos bajábamos al parque para mirar la corrida del “toro candela”. Un señor empujaba la cabeza (artesanal) de un toro acomodada en una especie de carretilla, y en los cachos del simulado animal, añadían unas pelotas de trapo empapadas de petróleo, las cuales después de encendidas, salían algunos atrevidos a “torear”. Luego venía la quema del carrancio junto con las fuertes detonaciones de pólvora que yacían dentro de si.
(Los matachines: http://www.bucaramanga.com/entretenimiento/archivo.asp?cod_pag=610)
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Un día de Julio de 1952, arribaron al parque principal dos argentinos, preguntaron sobre como llegar a la ciudad de Cúcuta, pues se dirigían hacia la hermana república de Venezuela. Debieron conducirles por las veredas de Floridablanca, pues en aquel entonces, la carretera que de Bucaramanga conduce a Cúcuta estaba inconclusa, y se utilizaba |
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una ruta comercial que saliendo por la vereda Helechales, llegaba al hoy conocido kilómetro 12 de la carretera Bucaramanga-Cúcuta. Los nombres de aquellos viajeros: Ernesto Guevara y Alberto Granado. Por aquel entonces se encontraban realizando un viaje terrestre desde Argentina hasta Venezuela, pasando por Chile, Perú y Colombia. Nadie en Floridablanca llegó siquiera a imaginar que años mas tarde, uno de éstos visitantes de paso, sería conocido en la posteridad como el “Che” Guevara.
Mi identidad nacional se la debo a las tradiciones y expresiones culturales autóctonas materiales e inmateriales vividas durante mi niñez en Floridablanca, las cuales me dieron sentido de pertenencia y elementos de identificación con mi pueblo y con mi gente.
Floridablanca ya no está mas en el anonimato, o al menos ya no como antes. Las historias que la gente de otras partes cuenta de Floridablanca son básicamente sus experiencias recreativas o de paso, como por ejemplo:
“Yo practico ciclo montañismo en los caminos que quedan sobre la cabecera principal”.
http://www.youtube.com/watch?v=RFW6UuIoYRg&feature=related
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“Nosotros vamos en familia a comer obleas cerca del parque principal” |
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“Fui con unos amigos a lanzarme en parapente”
http://es.youtube.com/watch?v=1yLjOofhdCQ
La historia no contada de Floridablanca solo la pueden afirmar o relatar quienes allí crecimos y vivimos (los cuales somos cada vez mas pocos); las otras historias, esas, esas las cuenta cualquiera que haya ido un domingo.









